Mato a alguien, les juro! Yo no puedo creer el tupé de algunas personas. Voy a contarles desde el principio.
Tenía que pedir el turno para el oncólogo. En su momento llamé y sin preguntarme el diagnóstico que tenía me dieron hora para un mes después. Haciendo gala de mi conchudez le digo a la chiquita que me atendió “Un mes tengo que esperar? Menos mal que no me estoy muriendo!”, a lo que la chiquita contestó “Bueno, ahra le iba a preguntar el diagnóstico”, “Pero qué depende el diagnóstico me das o no turno antes”, “No no, igual tiene que esperar un mes”.
Ok, de ese tema no voy a agregar nada porque a ésta altura ustedes ya conocen qué tipo de reflección haría.
Faltando una semana para la fecha en cuestión se comunican conmigo para decirme que el doctor no iba a estar esa semana en el pais y que debían atrasarme una semana más.
Tampoco agregaré sobre ésto….
Bien, llegó el día. Voy con mi marido. Me presento a las 11 am. Me piden que espere. Nos sentamos y esperamos media hora, una hora, una hora y media…Cuando ya hacia una hora cuarenta y cinco minutos la secretaria me llama y me dice “El doctor tuvo que atender una urgencia, se va a demorar un ratito” Si si, “ratito”. Mi respuesta fue inmediata y lapidaria “Cuánto sería un ratito si ya esperé una hora y cuarenta y cinco minutos”. Por supuesto su respuesta fue “no se”.
Fuera de toda joda, es injusto que a uno lo traten como el culo por el solo hecho de que pueden. Es una falta de respeto, si uno saca un turno con un médico es porque necesita ordenar una agenda, preveer, organizar…
A los diez minutos de aguantar mi cara de orto me dicen que pase al consultorio que el doctor ya venía. Con mi marido pasamos y nos sentamos. Increiblemente nos dejaron encerrados en un consultorio de 2 por 2 y sin ventanas durante 15 minutos más. ¿Por qué? No lo se, seguramente tuvieron miedo de que les arme un escándalo. Nos dio rabia, ira. El nivel de violencia que me generó fue tan grande que en un momento entró un mina que no se qué era y le pregunté si el doctor tardaría mucho más. Me dijo que no sabía y ahi me saqué. “¿Por qué me hicieron pasar al consultorio?”, “¿Por qué no se respetan los turnos?”, “¿Cómo tengo cáncer no tengo vida?”. Pero en serio, yo hago cosas durante el día y una de esas es ir al médico, no cancelo todas mis actividades por eso, pero de ésta forma no se puede organizar nada. Ojo, lo de la urgencia lo entiendo, pero a la hora de la urgencia yo ya había esperado casi dos horas…
Nada, después de un rato, vino el médico, a quien había decidido no decirle nada y ver que onda.
LLegó y su primera frase fue “Cómo estás mujer?” ¿Mujer? Raro, suponete que es moderno… Bueno, la dejé pasar. Segunda frase “¿Qué te anda pasando gorda?” ¿Gorda?…
…98, 99, 100…Le cuento todo y le muestro los últimos estudios que gracias a Dios habían dado perfectos y el informe de la raadioterapia más una carta de mi ginecólogo.
El tipo mira todo, lee todo y me manda “¿Por qué tardaste tanto en hacerte los rayos?” cri cri. Les juro que me subió una calentura con la misma efervecencia de una lata de 7up caliente. “Son los tiempos de la medicina moderna” le dije “Es lo que tardó el lugar en darme turno”…”De hecho acá me pasó lo mismo, me dieron turno un mes despés de mi llamado”…
No no, lo escribo y todavía no lo creo…
El siguiente paso que dió fue decir “Yo no quiero ir en contra de tu médico, pero ésto está mal llevado. Yo te hubiera mandado directo a quimio. Ahora no se si te voy a poder salvar”….
“Salvar” no es una palabra que se le pueda decir a un paciente de cáncer. Pero si, si, me dijo eso. A esta altura con más paciencia que cáncer traté de escuchar con atención todo lo que me decia para poder hacer una buena limpieza de las palabras que no tenían que ver con diagnóstico sino con adornos molestos.
La explicación con la que me quedé fue que de 100 mujeres con cáncer de mama, 85 no repiten después de pasar por el quirófano. De las 25 mujeres restantes, la oncología permite que otras 15 no repitan. Las 10 restantes quedan en manos de Dios. Ante la pregunta lógica de Tom “¿Ella en qué grupo está?” el médico dijo “No lo se”.
Después de una revisación completa me pidió que con urgencia (en los próximos 4 días) me haga un centellograma y una tomografía y vuelva a verlo.
La verdad es que estoy cansada. Cuando digo cansada lo digo en serio, no tengo más energía en el cuerpo, no puedo pasar por esto una y otra vez. Cuánto más falta. Entiendo los pacientes que se dejan morir, te juro que los entiendo.
Cuando subí al auto, por primera vez desde que me dijeron que me tenía que operar, me quebré. Soporté con una entereza sorprendente que mi médico me dijera “tenés cáncer” y no lloré, no me quebré y no porque me haga la canchera sino porque por algún motivo no lo viví dramáticamente. Pero ahora, en el auto, lloré de manera inconsolable. Loré por odio por el maltrato que fui recibiendo durante todo ésto. Lloré por impotencia por no poder explicar todo lo que yo había luchado para hacerme los rayos sin esperar 2 meses. Lloré porque tenía que seguir haciendome estudios horribles, radiactivos e invasivos. Lloré porque mi teta no puede llorar pero me dice que no quiere más. Y se me llenan los ojos de lágrimas ahora mientras lo escribo.
No quiero más, juro que no quiero más.