Esto pasa

un diario personal

Hay vida después de los rayos? 2 Noviembre 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 19:16
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Increible pero real. Los rayos me obligaban a salir todos los días. Me daban una rutina. Qué hacer cuando no tenés nada que hacer es un problema.
Este año me vi obligada a no trabajar para dedicarme a mi, estar tranquila y con tiempo disponible para cuidarme. Pero ahora que terminé con los rayos y que el tiempo pasó. Me doy cuenta que no tengo nada que hacer, en fin, veremos cómo solucionarlo más adelante.
Por lo pronto como toda egresada me fui de viaje unos 4 días a Mar de las Pampas. La pasamos bárbaro, descansamos y aflojamos las tensiones que veníamos acumulando. Fue como el cierre perfecto para todo lo que pasamos. Lo escribo en plural porque mi marido sufrió tanto como yo todo ésto. No hace falta poner el cuerpo para hacer carne los problemas de los seres queridos. Fue el compañero ideal para mi, no hubiera querido pasar por ésto con otra persona. Por supuesto está mi familia y mis amigos, que acompañaron siempre, pero la diaria se la comió sólo Tom.
Asi que terminamos los rayos, festejamos, viajamos y ahora…y ahora?
En principio tengo que ir al oncólogo.
En segundo lugar me voy a tomar unos días más para no hacer nada. Parece una boludez pero aun estando bien, sabiendo que estaba curada, tenés en la cabeza todo el tiempo el recuerdo del cáncer, la angustia que pasaste, etc, etc. Es agotador, asi que por un tiempo quedás con un cansancio físico y mental tan grande que no te podés mover.
Y por último, cuando tenga ganas y sólo cuando tenga ganas voy a decidir qué hago. Tengo varias cosas pendientes como bajar los kilos de más, empezar con alguna actividad física y disfrutar un poco lo que queda del año. Me niego a sentir que lo único que hice este año fue curarme un cáncer.

 

Egresada 2009 14 Octubre 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 22:39
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Disculpen la demora de este post, pero estaba festejando mi alta de los rayos. La verdad es que estoy feliz. Pero el post rayos se los cuento en otro momento. Primero les relato mi último día en el club social y deportivo “rayito de sol”.
Llegué con una puntualidad extrema. Me senté y terminé el tercer libro desde que empecé este tratamiento. Esperé bastante. Un equipo había fallado y los pacientes de ese equipo pasaron al mio. Esperé bastante significa una hora. De repente pasa una señora que tenía horario después que yo, no me extraño porque cuando vienen con atraso priorizan la posición de la camilla que, si bien varía con cada paciente, va de pies o de cabeza si o si. Seguí esperando. Media hora más. Pasa otro paciente con horario posterior al mio. En ese momento y con el miedo lógico de no poder terminar mi tratamiento fui hasta el lugar en donde estan los médicos y consulté. La cara de todos fue de sorpresa. “Pero vos no estás en sistema”, “Pero cómo? si a mi me falta una sesión”, “¿Dónde está tu carpeta?”, “Si si, te falta una, ponete la bata y ya pasás”. Ok, me quedé tranquila, al menos se que termino hoy. Pasé y como siempre saludé a todos, como siempre me ubiqué en la camilla, como siempre me preguntaron cómo andaba, como siempre quedé sola y desnuda en la camilla esperando mi última dosis de radiación. Durante todo el tiempo fui repasando cada paso y diciéndome “es lo último”. Disfruté cada momento, cada sonido, cada silencio.
Una vez terminada la última aplicación, entraron y me dijeron que ya me podía levantar y fue recién en ese momento cuando todas las tensiones se aflojaron y una de las doctoras me dijo emocionada y con los brazos abiertos para abrazarme “terminaste”.
Fue un momento único. Lo escribo y se me pone la piel de gallina. Me saltaron las lágrimas al instante y me dejé abrazar por las tres doctoras que estuvieron siempre conmigo y que ahora estaban completamente emocionadas. Las mismas tres mujeres que durante 40 sesiones me trataron de igual a igual, sin lástima pero con contención, con amor y con cuidado. Festejamos y me dijeron que no me quierían ver nunca más y nos prometimos que si la vida nos volvía a encontrar sería festejando y con unos tragos en la mano.
Me fui feliz y radiante a lo de mi mamá que me esperaba para almorzar. También ella me recibió con un abrazo y me felicitó. Evidentemente yo nunca me di cuenta de lo importante que era este nuevo paso superado. No solo para mi sino para los que me rodean. Todos han sufrido conmigo aunque no pusieron el cuerpo. Nunca nadie habló ni dijo nada, pero para todos fue un proceso largo y angustiante. Hoy todos festejan que por fin terminó. Más tarde llegó mi papá y también me felicitó. Me invitaron a cenar para festejar y eso hicimos. Sin hablar del hecho, sino de las cosas que hablamos siempre, porque al fin y al cabo con cáncer o sin el, la vida continúa …hasta que un día… se termina.

 

Una más y no jodemos más 1 Octubre 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 22:45
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Hoy empieza el mes de la lucha contra el cáncer de mama. Yo llevo mucho más de un mes luchando y no quiero más. Por suerte llegamos al final.Si, ya está, queda solo una sesión más. Estoy agotada física y mentalmente. No doy más. No quiero más. Y ni hablar de mi teta y mi axila que a esta altura tienen el mismo color que el culo de un mandril.
No tengo más energía, solo la suficiente como para ir una vez más y terminar con ésto.
Tengo pensado ir sola para no darle una importancia desmedida. Lo tomo como un trámite más. Para ser honesta confieso que llevé la cuenta regresiva en mi agenda y fui tachando los días con la esperanza de llegar al último, pero también confieso que fue por agotamiento.Tiene que ver con el hecho de que nunca me sentí mal, ni enferma, por lo que no tenía ganas de ir a ningún lado a curarme. No sentía que tenía algo para curar. Lo peor era que tenía que ir igual y encontrarme con ese lugar deprimente, con gente que estaba muy mal y ver una realidad que, aunque hoy no es la mia, podría ser la que alguna vez me toque vivir. Y les juro que no es algo que alguién quiera vivir.
En fin, un paso más terminado. Lo próximo el oncólogo. Otra nueva aventura.
Mañana les cuento cómo fue el gran final.

 

¿Algo más? 19 Septiembre 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 20:06
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Cada vez falta menos y a esta altura llevo la cuenta como un preso a la espera de la libertad. Las últimas 9 sesiones son directas en el foco quirúrjico y no en toda la mama, por lo que debo volver al simulador para redireccionar los rayos. Ok. Allá vamos.
Cuando llego, me saco la ropa y me dispongo a recostarme sobre la camilla. Fue ahi cuando escucho la voz “tranquilizadora” del médico que me dice “son sólo 3 tatuajes”. ¿Perdón?, “si pero ya te hiciste y sabés que no duelen”. Ok, me harté.
¿Quién tiene autoridad para decir lo que a otro le va a doler determinado procedimiento?, ¿por qué me tratan como a una tarada por el solo hecho de tener fobia a las agujas?, ¿por qué tengo que escuchar “lo peor ya pasó”?,pero realmente, lo que más me molesta es que me contesten burlándose de mi miedo “no te preocupes, no hago los tatuajes con agujas”. Señores ¿son idiotas? Creo que no merezco ser tratada como idiota. Me duele el cuerpo y el alma. Tengo la piel quemada como el culo de un mandril y estoy hirviendo por dentro. El que no ha tenido estas sensaciones no tiene derecho a burlarse de mi.
Por supuesto me hice los tatuajes y por supuesto me dolieron y ardieron. Por supuesto me fui llorando y por supuesto llegué a mi casa y taché un día más de rayos. ¡Qué vida de mierda!

 

No podía ser tan fácil 8 Septiembre 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 15:28
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Yo me quejaba de la mala voluntad que le ponían mis compañeritos de rayos, pero la verdad es que yo también caí.
Al principio era sólo un trámite. No me afectaba y no me dejaba afectar. Pero la radiación ya se instaló cómodamente en mi cuerpo y empezó a hacer estragos.
Literalmente no me puedo levantar de la cama, no es falta de ganas, es falta de fuerza. Es terrible, tengo que ir paso a paso. Primero me doy vuelta, al rato me destapo y muy al rato puedo salir.
Lo peor es que cuando logro llegar a rayos me retan porque llego tarde, a lo que respondo, con mi mejor cara de culo, “si, no me podía levantar”.
Después de unas horas esa falta de energía pasa y se vuelve cansancio, que es uno de los efectos colaterales de la radiación. A veces me recuesto un rato, a veces lo dejo pasar y no me afecta.
Pero la moraleja es que no hay que criticar la forma en que viven o sufren los pacientes de cáncer, la verdad es que se hace lo que se puede y cuando no se puede se tiene que hacer igual, y es ese el estado en el que nos encontramos los de esta sala de espera.

 

¡¿Qué rompimos?! 24 Agosto 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 21:40
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Hoy volví a mi sesión deseando que no pasará lo mismo que la última vez y que ésta vez funcionara todo bien.

Otra vez seguí los pasos, esperé, me llamaron, pasé, me puse la bata y fui a la máquina, me acosté, prepararon todo y se fueron.

Suena alarma 1, suena alarma 2 y sonamos otra vez.

Ahora, ante la primera falla entraron a decirme que la máquina había vuelto a fallar y que vendría el técnico. Ilusa pregunté ¿cómo hacen para trabajar así todo el día?, la respuesta fue contundente “no, es solo con vos que pasa”.

Evidentemente cada paciente tiene sus coordenadas y la máquina solo fallaba con las mías. Me taparon con mi batita y entró el técnico, arreglaron todo y listo. Me irradiaron y me fui.

Otro día más de rayos pero hoy con la angustia de ser la que rompe la máquina.

 

¡Sonamos! 23 Agosto 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 19:06
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Llegué como todos los días a mi querida sala de espera. La misma gente, los mismos temas, la misma espera. Me llaman, paso, me pongo mi bata y a la maquinola loca.

Esta es mi rutina diaria desde hace algunos días y lo será por varios días más. Sin embargo, hoy esa rutina se rompió y de la manera más horrible.

Me acosté en la camilla sin mi bata, por supuesto. Las chicas que operan la máquina prepararon todo y se fueron dejándome sola la enorme sala, como todos los días. Sonó la alarma espantosa que avisa que empezará la radiación en la habitación, como todos los días. Sonó la alarma que emite la máquina que irradia dando señal de que el proceso habia comenzado, también como todos los días, sólo que esta vez esa alarma, que dura bastante más tiempo que el que podés retener una bocanada de aire, se paró antes. Pensé que era normal, que era un cambio por el propio avance del tratamiento, pero no. Volvió a arrancar y volvió a pararse muy rápido. Ahí me asusté, nunca me dan dos dosis de radiación en el mismo lugar, siempre entran primero para cambiar el ángulo de la máquina. Algo estaba pasando y yo seguía sola y sin poder moverme. La máquina arrancó y se paró 5 veces más y mis nervios sólo crecían. En eso escucho el ruido de la puerta, al fin alguien venía a recatarme. Me explicaron que la máquina se paraba pero que para no perder el día me dieron la dosis requerida en varias veces. Me prepararon para la segunda posición y volvieron a irradiarme en varias veces.

La verdad es que fue horrible, estás solo, sabiendo que no te podés mover, sabiendo que estás recibiendo radiación y de repente las alarmas no paran de sonar. El ruido de por si es horrible y si no para de sonar es peor. Te pasan mil cosas por la cabeza, me están irradiando de más, me van a quemar la piel, ¿me duele?, ¿huele a quemado?, ¿ésto estará bien?

Sin respuestas, nerviosa, preocupada y con la única certeza de confiar en los profesionales me fui a mi casa.

Una sesión más y una sesión menos.

 

Cáncer: club social y deportivo 13 Agosto 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 15:28
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Las sesiones de rayos son de Lunes a Viernes y con turno fijo. A esta altura, en donde mi desocupación laboral se me hace más pesada, uno agradece tener una rutina aunque esta sea ir a darte radiación. El dato curioso es que si bien yo empecé hace poco, hay gente que lleva 20 o 30 sesiones. Sesiones en donde no solo va a irradiarse sino también a ver a sus compañeros de cáncer, a conversar con gente que pasa por lo mismo, a ver cómo otros solucionan o sobrellevan cosas que ellos no pueden. Justamente eso que yo quise evitar  (escuchar historias tristes) es lo que ellos van a buscar. Es como una especie de dieta club, solo que acá en lugar de preguntar que hacer cuando tenés hambre a la noche, preguntás qué haces cuando no tenés fuerza ni para ir a vomitar.

Parece increible que la gente quiera escuchar experiencias horribles de otras personas para sentir menos horrible las suyas. Desde el primer día me di cuenta que el ambiente era propicio para eso y decidí mantenerme alejada. Me llevo un libro y me encierro en mi lectura hasta que me llamen. No hablo, no escucho, no veo. Saludo al llegar y saludo al irme, nada más. Pero mi caso es bastante especial y lo noto en sus caras. Me miran y se mueren por preguntar, soy la más joven entre los pacientes y eso genera curiosidad y a veces hasta lástima en alguna señora mayor que me mira con ojos de abuela. Para peor mi imagen lozana y mi look fashion despista más.

Confieso que a veces es imposible no escuchar y decididamente escucho, aunque sin sacar los ojos de mi libro. Juro que por momentos es terrible, por momentos es interesante y por momentos instructivo. Hay pacientes que no hablan pero sus hijos o acompañantes hablan de todo lo que tiene que ver con la enfermedad como si fueran ellos quienes lo sufren, hay gente que no dice “cáncer” sino “cuando le descubrieron eso”, en fin cosas raras, pero la verdad yo prefiero seguir al margen y no contaminarme.

Hay gente que un día va acompañada por su hijo y se lo presenta al resto de sus nuevos amigos como si quisiera integrarlos, hay gente que se pasa el teléfono para cuando terminen sus tratamientos y, por supuesto, también hay gente que se la pasa discutiendo de religión y política como en cualquier mesa de bar repleta de amigos.

Es increible. El hombre por naturaleza es sociable, disfruta de la compañía de sus pares, le gusta hablar de cualquier cosa, compartir sus experiencias y en esta sala de espera no es distinto. Sin embargo, yo no me siento enferma y no me siento como la mayoria de mis compañeritos de rayos, no quiero compartir nada de lo que ellos quieren compartirme.

Si bien el cáncer no es contagioso, el estado de ánimo que genera se contagia a distancia. Ojalá yo los contagiara un poco con mi forma positiva de tomarme las cosas. A la larga todo pasa y ésto también pasará.

 

Me tomo 5 minutos… 27 Julio 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 00:30
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El otro día, hablando con mi familia sobre este blog, mi mamá tiró al aire la frase “a mi lo que no me gusta es que nunca habla de su familia, habla del marido y de los amigos pero de nosotros no”. Mis intentos de explicarle el por qué no sirvieron de nada, asi que voy a explicarlo por acá para darle entidad.

Increiblemente, hace poco hablé de este tema en terapia, es decir de los distintos comportamientos de las personas que me acompañaron en este proceso y la verdad es que el comportamiento que menos dió que hablar fue el de mi familia y lo digo en el buen sentido.

Antes de seguir voy a aclarar que agradezco a todos el apoyo y los mimos y cuidados que me dieron, pero saben que también a la distancia hubo situaciones de los más desopilantes que ya he comentadoo anteriormente. Desde el decirme lo que tengo y no tengo que hacer, hasta el aliento al estilo “Club 700″. Desde el saber el diagnóstico antes que los médicos hasta no haber entendido qué era lo que tenía. Desde preguntar cómo estaba hasta preguntar si tener un tumor era tener cáncer.

Pero lo que quiero decir es que mi familia fue distinta a los demás. Quizás por nuestra historia llena de médicos y operaciones o quizás por como se dieron las cosas.

Mi primera operación fue  4 días antes de que mis padres se embarcaran en un crucero, digo ésto y no que se fueron de vacaciones porque el hecho de estar en la mitad del agua durante varios días y a veces sin comunicación o tocar tierra es distinto a estar cerca de un aeropuerto. Cuando se fueron yo estaba perfecta, la operación había sido ambulatoria, no era tan dramático. Todo bien, se fueron. A 3 días de terminar su viaje  me entero que me debía operar again y tomo la desición más díficil y que no compartí con nadie. No decirles nada hasta que estuvieran acá. Sabiendo cómo se preocupan por mi, no quería arruinarles sus últimos días y además no podían hacer nada, asi que insisto en que hice bien, aunque algunos amigos me criticaron después, ellos nunca me lo recriminaron. Durante los 4 días que pasé internada, mi mamá se ofreció a quedarse a dormir varias veces pero yo prefería que se quedará mi marido por una cuestión de querer estar con él para no extrañarlo, estoy acostumbrada a estar durante la noche con él y quería tratar de mantener esa rutina en una situación que no era placentera para mi. Tampoco se quejaron mis padres. Vinieron a visitarme y mi mamá se quedaba conmigo para que mi marido fuera a casa durante el día o para que saliera a comer algo. A la hora de volver a casa tampoco se enojaron cuando yo preferí venir a mi casa en lugar de ir a la de ellos con cuidados especiales de padres a hijos. Entendieron que yo quería estar con mis cosas, en mi cama, con mi marido, con mis perros.

Lo que quiero decir es que ellos siempre acompañaron, nunca se asustaron, nunca se alarmaron. En realidad, conociéndolos, seguro se austaron pero lo importante, lo destacable y lo que más agradezco de todo este proceso es que nunca me trasmitieron sentimientos negativos. Acompañaron desde el silencio, desde la atención para ver si necesitaba algo y desde el respeto de mis elecciones. Cosa que muchos de mis amigos no supieron hacer. Insisto, entiendo que cada uno demuestra el amor y la preocupación como puede. Solo que en la mayoría de los casos fue de manera atropellada y graciosa y me inspiraron a escribir este blog, a mostrar cómo la mayoría de la gente reacciona ante la palabra cáncer.

Mi familia, tanto mis papás como mis hermanos reaccionaron mejor que nadie, exacto como yo necesitaba. Asi que desde acá les agradezco y los homenajeo con este post para que no se quejen.

 

Radiactiva 20 Julio 2009

Archivado en: Uncategorized — La más linda @ 17:42
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Bien, era mi turno. A penas me llamaron fui al vestidor con mi bata, me cambié y fui hasta el equipo que me correspondía. A esta altura la gente que me atendía ya era conocida y eso hacia más fácil la cosa. Como ya conocía todos los pasos, los seguí al pie de la letra. Me saqué mi bata y vestida de la cintura para abajo y desnuda en la parte a irradiar me dirigí hasta la camilla. Me acomodé y  ellos me fueron reacomodando, siempre con cuidado y tomado con naturalidad cada paso que daban, como restándole importancia al hecho de ser irradiado. Una vez que terminaron de ubicarme y que ya arrancanban para dejarme sola, me salió del alma preguntarles cómo seguía la cosa. Me tranquilizaron y me dijeron que iba a sentir un ruido nada más, que no me moviera.

Les digo que estar sola en esa habitación fria y gigante es bastante aterrador pero lo que no me esperaba era el ruido de la alarma que avisa que cominenza la radiación. Es un alerta para que no quede nadie en la sala y como tal es un ruido horrible, muy similar a la alarma de Lost. Luego de ese ruido viene otro que es el de la radiación propiamente dicha. También es feo, pero a nadie le importa.

El problema es la cabeza, en ese momento es imposible controlarla. Por ejemplo, la frase “quedate quietita” me hace poner nerviosa y me muevo y más nerviosa me pongo al moverme porque creo que me van a irradiar en el lugar que no debían y voy a quedar vegetal. Es terrible, uno trata de relajarse pero es imposible. Cuando termina la primera alarma, respirás hondo para no respirar después así no te movés pero la radiación dura bastante, no podés aguantar tanto tiempo la respiración. No se si a ustedes les pasa , pero por lo menos yo no me doy cuenta del acto de respirar hasta que te dicen respirá hondo o no respires. En cuanto me lo dicen empiezo a inspirar y expirar en forma conciente, lo que hace que el pecho se infle y si el pecho se infla entonces se mueve y si se mueve la radiación va para cualquier lado y otra vez quedo vegetal. Es terrible, no hay opción, es muy agotador y es demasiada responsablidad.

En fin, cuando todavía  trataba de tranquilizarme ya había terminado todo. me vestí, firmé la planilla, me cambié y me fui como vine, eso si, radiactiva.

Mi primera sesión de rayos ya había terminado y no había sido tan grave, me preocupé demasiado por quedarme quierta y no me di cuenta del resto. Igual me quedan 37 más.