Antes que nada, perdón por tan larga ausencia. Pero en esta entrada les contaré alguna de las razones.
Estaba claro que este año iba a empezar a trabajar. El año pasado me había dedicado por completo a recuperarme, pero ahora era momento de ocupar mi cabeza con otra cosa. Trabajar sube mi energía y mi autoestima. Por otro lado pensaba que cuando me retirara de la vida laboral sería porque me aburrí, no tuve más ganas o por lo que fuera pero nunca por haber tenido cáncer. El cáncer no será una de esas visagras en mi vida. Así que, acepté una buena oferta de trabajo.
Cuando fue el momento, me presenté, me interiorice de los temas más importantes y me fui a hacer un preocupacional. Y ahí…agarrate catalina!
Pis, sangre, electro, revisación fisica y zas! cicatrices a la vista. Esto es reciente? de cuándo? que tipo tuviste? cómo estás ahora? Otra vez y un año después me encontré dando explicaciones. Me sacaron un tumor maligno, hace un año, grado 3, sólo rayos, alta oncológica, tamoxifeno…Una a otra fui contestando todas las preguntas que me hacia un esbozo de doctora. Y ese es el punto.
Por qué tengo que aguantar que en un lugar horrible, rodeada de gente horrible, con médicos de dudosa reputación, me revisen y me indaguen. A esta altura ya estaba enojada y solo me habían visto la cicatriz de la axila. Me fui a mi casa, ofendida y agotada.
Al día siguiente, me llamaron de mi futuro trabajo. Habían recibido un llamado del centro médico para notificarles que si bien no podían decir nada por secreto profesional, yo tenía un estado de salud por el cual probablemente me tendría que ausentar algunos días o iniciar un posible tratamiento.
La realidad es que en mi nuevo trabajo sabían todo porque mi jefe es mi amiga. Pero es necesario semejante humillación? Me sentí discriminada, ofendida pero sobre todo cansada. Yo ya había dado por terminado el tema pero todo el tiempo salía a la luz. Cómo puede ser?
En fin, al día siguiente tuve que presentar todos los estudios en este centro de atención médica y si, lo digo peyorativamente. Piensen lo que quieran, pero la verdad es que uno siempre busca la mejor opción según las posibilidades. Yo me atiendo en una gran clínica y por uno de los médicos más reconocidos y no porque lo pueda pagar sino porque gracias a Dios figuraba en la cartilla de mi cobertura. Pero de repente me vi, en un lugar que no elegí, mostrándole las biopsias a una doctora que no elegi, que no conozco y que no es especialista en la materia por lo que no entiendo por qué debo compartir mis estudios con ella. Aun asi lo hice pero a lo que si iba decidida es a negarme a ser revisada y lo aclaré apensa llegué. Aclaré que no tenía porque mostrarle nada, que deberían haberse quedado con la palabra de mi oncólogo o con un certificada firmado por él que yo podría haber conseguido. Aclaré que prefería que hagan lo que tuvieran que hacer incluso no aprobarme el preocupacional pero que no iba a permitir que se me escrudiñara más. Ya me habían manoseado bastante incluso literalmente hablando, ya había sentido toda la desolación posible y, como alguna vez le dije a mi ginecólogo, por este año ya había cumplido mi cuota de problemas de salud.
Asi fue que me retiré y esperé que del trabajo me dieran una respuesta, aclarándoles que no había sido buena la manera en que fui tratada, dejando entreveer asi que si no fuera por mi amiga y futura jefa podría haberles iniciado un juicio por discriminación.
Finalmente fui contratada pero en lugar de por un año por 4 meses por si traigo demasiados problemas.
Empecé a trabajar y por supuesto a quemar mi cabeza día a día y eso fue lo que me imposibilitó volver a escribir. No siempre la cabeza está creativa.
En la próxima entrega les contaré un poco sobre el dificil arte de trabajar, estresarse y seguir viviendo con el fantasma del cáncer.
Por la vuelta 18 julio 2010
Poniéndome al día 21 febrero 2010
Uno de los temas que me quedaron endientes y que es momento de definir es el oncólogo.
Les recuerdo lo que pasó. Cuando empezaron mis dudas sobre maternidad y tamoxifeno, lo primero que hice fue ir a verlo. No solo no me pudo atender ese día sino que tampoco podía atenderme en esa semana. Ante mi insistencia, su secretaria se ofreció a tomar mi número telefónico y pedirle al doctor que me llame. Nunca me quedé tranquila. Mientras hice todas las averiguaciones por mi cuenta, esperaba ansiosa un llamado que nunca llegó. Volvi a ir al consultorio y volvieron a negarme la posibilidad de verlo, aún frente a mi amenaza de no arrancar con el tratamiento hasta no hablar con él.
Nunca supe qué pasó. Si es que no me llamó o si es que su secretaria no le avisó. No sé, ni me interesa. Lo único que que si sé es que no está bien. Un paciente de cáncer debe poder acceder a su médico en todo momento, basicamente porque los pacientes de cáncer se mueren de un día para el otro.
La verdad es que yo estoy bien y me arreglo, pero si estuviera mal? Si me vuelve el cáncer y un día tengo una duda excistencial y quiero hablar con mi doctor? No me va a atender?
No es esa la relación que quiero. No es ese el acompañamiento que voy a necesitar. No sé si por mi personalidad, por la forma de relacionarme o porque tuve suerte con mis médicos, siempre fui tratada de manera preferencial. Siempre saben quién soy, qué tengo, todo sin necesidad de ver mis fichas. Y ojo, tengo muchos médicos y soy de las que acuden siempre a las revisaciones anuales. Entonces, si el médico que trata mi problema más grave no va a estar disponible, cómo hago?
Con todas estas dudas en la cabeza esperé los 15 días que me separaban de mi nueva consulta.
Era la tercera vez que lo veía y las dos anteriores no habían sido esperiencias placenteras.
El reclamo no se hizo esperar. En cuanto me preguntó cómo había estado le largué todo.
No me dio explicación alguna y yo no se la pedí. Sólo le conté los hechos y le dije que no estaba acostumbrada a ser tratada así. Que quiero tener una relación con mi médico que incluya no sólo la entrevista de control sino también la contención durante el tratamiento. Un tratamiento que dura 5 años, es decir que la relación con el médico durara más que muchos noviazgos. Debe ser buena si o si.
El se encargó de tranquilizarme, me dijo que ante cualquier duda lo llame directamente y me dio su celular.
Es increible como opera la mente. En ese momento senti que aunque no lo llamará nunca, el había entendido el reclamo y me había dado una línea directa. Y aunque él no me atendiera nunca, sabía que yo ya me había quedado tranquila. A él le quedó claro qué tipo de paciente era yo y a mi me quedó claro que a él la había queda claro.
Fue una especie de contrato. A partir de ahora yo lo elegía como médico y él como paciente. Estabamos del mismo lado.
Del control podemos decir que me encontró bien, en un mes había bajado no solo los 2 kg que me habia pedido sino también 1, 5 kg más.
Me recetó más tamoxifeno pero me aclaró que el que me daba la obra social era una copia, ni siquiera un genérico. Si, terrible, en la obra social que uno paga fortuna. Nada, me aclaró en la receta qué marca de tamoxifeno debían darme y me dijo que vuelva en 2 meses.
Tema oncólogo superado. Pero tiene que ser taaaan difícil?
Se acabó lo que se daba! 31 enero 2010
Una vez tomada la desición de empezar con el tamoxifeno, agarré la pastilla y la tomé. La liberación fue enorme, para bien o para mal la rueda ya había empezado a girar y no se podía detener. A partir de ese momento sólo miré para adelante, anoté la fecha en mi agenda como si fuera un cumpleaños más y decidí festejar cada año que pasa de los 5 que tengo por delante.
Si bien los efectos colaterales son muchos y todos muy incòmodos, nunca llegaron. Lo que si vino y sin advertencia previa fue la euforia. Una euforia expresada en hiperactividad. Una necesidad enorme de salir y hacer cosas todos los días, todo el día, ver a todo el mundo, salir con todos mis amigos, vivir intensamente. Tenía una energía inagotable. Es como que uno se aferra distinto a la vida, de manera inconciente, pero lo hacés. No te querés perder nada.
Por supuesto, después eso la caída fue grande.
Después de dos semanas intensas empecé a sentirme cansada. La sensación era que no tenía más energía. Tipo 8 de la noche me quedaba sin pilas y sentía que no iba a poder llegar a la noche, a cenar, a sacar a pasear a mis perros. Estaba agotada. Agotada literalmente hablando. No tenía de donde sacar fuerza, no había más. Cuando quería explicarlo me salía decir que estaba cansada de cansancio. No me dolía el cuerpo, no tenía sueño, estaba agotada.
Como primera medida ataqué los síntomas y fuí al endocrinólogo. Después de unos análisis me cambió la dosis de T4 que tomo a diario por mi hipotiroidísmo. Con el correr de los días fui mejorando, también me quedé mucho más en casa y al tiempo recobré mi estado normal. Recién ahi me di cuenta que en realidad, lo que me había pasado era que todo se había terminado. Las preocupaciones, la incertidumbre, las dudas. Todo era más claro ahora.
Creo que como el tamoxifeno es el último paso de toda esta maratón que me tocó correr, empezar a tomarlo fue el principio del fin. Por primera vez mi cuerpo y mi cabeza aflojaron, se relajaron, “ya está, ya pasó” y obviamente sentí el cansancio de todos éstos meses, de todo éste stress.
Hoy estoy recorriendo la recta final de un largo camino. Incluso ésta última recta es muy larga, pero ya está, ya veo la lìnea de llegada.
A partir de ahora sólo quedan controles y estudios de rutina. A partir de ahora sólo queda el recuerdo de lo vivido. Un recuerdo constante, es verdad, porque no se olvida ni se debe olvidar. A partir de ahora debo tener ciertos cuidados y estar atenta, pero no me preocupa. Yo estoy siempre atenta, de hecho ésto empezó cuando yo me descubrí un bulto haciéndome un autoexamen.
Ahora bien, todo bajo control, turnos médicos sacados, stock suficiente de tamoxifeno en casa …y ahora ¿qué hago? Ya no tengo excusa para nada. Debo ponerme al día con todo lo que fui abandonando. Debo recuperar las riendas de mi vida. Dieta, actividad física, seguir con terapia. Prepararme para la vuelta al trabajo.
Lo que se viene ahora parace fácil pero es bastante díficil para mi. Veremos..
El juego de la vida (ojo, es largo como el juego real) 26 diciembre 2009
Como es común en mi, seguí a la perfección las directrices del oncólogo.
Lo primero que hice fue ir a la obra social a pedir mi nuevo amigo: el tamoxifeno. En una semana estaría para retirar. No me darían más de 3 cajas por vez, lo que indica que si o si debo ir cada tres meses, previa visita al oncólogo para que me de las recetas. Horrible pero problema para más adelante.
Una vez realizado este paso llamé a la secretaria del ginecólogo para ver el tema DIU. Un elemento con el que nunca había tenido apego pero que por ahora era mi única opción. Ok, tenía en stock y me guardó un turno para hablar con el doctor al día siguiente. También me pasó los precios y eran altos.
A partir de ahí me puse a pensar, a repasar todo lo que debía hacer. “Yo no me quiero poner un DIU” “Me lo tengo que poner porque estoy en tratamiento oncológico y no puedo quedar embarazada”. Click. Que me lo pague la obra social. Ojo, no por pijotera sino porque asi debe ser. Mi obra social se lleva mucha plata del sueldo de mi marido como para no usarla. Después de 2 llamados verifiqué que no estaba equivocada, ni siquiera hubo discusión. Era así, la obra social me cubría la colocación y el DIU.
Ahora bien, para colocarlo hay que estar en los últimos días del período. Faltaban 2 semanas. Me quedaba una semana de pastillas anticonceptivas y como hasta el fin de esa semana no me daban el tamoxi, todo cuadraba perfecto.
Contenta con mi rápido desenvolvimiento me fui a una reunión de amigos. Varias edades distintas, varios estados amorosos distintos. Un tema lleva al otro y sale el tema de preservar óvulos, que “es una opción”, que “está bueno”, “si llego sola a los 40 los uso”, etc, etc. Y por su puesto no sonó ajeno en mi.
Ahí me di cuenta de cómo había tapado el hecho de que no iba a poder quedar embarazada hasta mis 38 años. La verdad es que hasta ahora nunca fue mi idea ni la de mi marido tener hijos. De hecho tampoco lo sería los próximos 2 o 3 años, tiempo en que se instalaría la pregunta más difícil de responder, aquella cuya respuesta no tiene vuelta atrás ni arrepentimientos … ¿Queremos tener un hijo?
Decidí no pensar más y seguir disfrutando de mi reunión de amigos.
Al día siguiente hablé con mi marido. Me dijo que averiguara, que no había problema, que me sacara las dudas. También lo hablé con mi psicóloga y me di cuenta que si no tengo hijos será porque yo he decidido no tenerlos. No quiero que un cáncer de mama me deje sin hijos. Este cáncer que me tuvo en vilo durante un año terminaría ese mismo año. No voy a arrastrarlo, no quiero en 5 años seguir hablando de esto.
Bien. Hoja en blanco. Título: criopreservación de óvulos. Por suerte yo ya conociía un lugar que se dedica a esto. Es un centro especializado en fertilidad en donde me atendia mi anterior ginecóloga. Llamé para pedir un turno con un especialista y me dieron para dentro de un mes. Le comenté a la chica que me atendió que no podía esperar un mes, que en dos semanas debía empezar un tratamiento oncológico que quizas sería irreversible. “No puedo hacer nada” fue su respuesta. La mia podría haber sido “Ojalá nunca puedas quedar embarazada” pero era muy grosera y preferí guardarla en mi cabeza.
Se lo conté frustrada a mi paciente marido y me sugirió que vaya directamente al lugar y me plante ahí hasta que un especialista me atienda. Ya era viernes. Había pasado una semana.
La semana siguiente arranco con un feríado.
Casillero 1: El martes a primera hora y con un libro de 650 páginas en clara muestra de que estaba dispuesta a una larga espera fui a ver a mi oncólogo. Quería preguntarle cosas, saber qué me recomendaba, saber si sacarme óvulos era una posibilidad. La útima vez que nos vimos, hace una semana ya, él me tiró con un balde de agua helada y recién ahora me había escurrido. Su secretaria me dijo que era imposible que él me viera en toda la semana, que no había posibilidad de darme un sobreturno, pero que si yo quería ella le haría una pregunta y volvería con la respuesta. Le “agradecí” pero le dije que era un tema absolutamente personal y que seguro generaría varias repreguntas. Le volví a pedir, le dije que podía esperar todo el día si era necesario. No había forma, llegué a advertirle que no empezaría el tratamiento que él me dio hasta no hablar con él. Tampoco, sólo se ofreció a tomarme el celular y decirme que el doctor me llamaría ese mismo día o al día siguiente.
Con toda mi frustración y dolor me fui a mi siguiente casillero sin dejar de pensar ¿cómo puede ser que un doctor no pueda tomarse cinco minutos para hablar con un paciente de cáncer?, no es mi caso pero hay gente que saca turno con dos meses de anticipación sabiendo que quizás no pueda tomarlos nunca. ¡Para un paciente de cáncer las cosas deber ser ya!
Casillero 2: retirar tamoxifeno de la obra social. Fui y ahí estaba, rosagante y contento de tener una nueva amiga.
Casillero 3: directo al centro de fertilidad. Llegué y expliqué mi situación una y otra vez. Al final me dijeron que había un especialista al que acababan de suspenderle un turno y que además atendía por mi obra social. Era en 2 hs. Ya eran las 12 del mediodía. Me fui al Mc Donals de la vuelta y llamé a mi marido. Él ya venía para acá.
Media hora antes del turno nos presentamos. Nos sentamos en la sala de espera y para nuestro asombro ya nos estaban pidiendo que pasáramos.
Muy agradablemente el médico nos explicó todo. Entendía mi necesidad y estaba dispuesto a satisfacerla pero lo primero que me dijo fue que debía tener autorización formal del oncólogo. Sintéticamente y para que sepan cómo es les detallo algunos puntos de lo conversado.
- cuando se habla se criopreservar óvulos, se habla de una técnica muy nueva, tiene algo más de 5 años y no se sabe a ciencia cierta que pasa después de 6 o 7 años con esos óvulos. De hecho hubo sólo 200 embarazos en todo el mundo a partir de ésta técnica. De todas formas si sos una mujer sola, se hace, pero te avisan que no pueden garantizarte que salga de manera éxitosa. Esta técnica la realizan en mujeres hasta 35 años.
- En mi caso, que tengo una pareja estable de más de 13 años, lo que se recomienda es criopreservar embriones. Se congelan varios y por separado en grupos de 3 o 4. Los embriones son de los dos. Quedan guardados en el lugar, que cuenta con equipos propios. Los únicos que podemos decidir que hacer con esos embriones somos mi marido y yo, pero ante una separación o el fallecimiento de una de las partes no se pueden utilizar. Es decir, si mi marido muere yo no puedo implantarme esos embriones para tener un hijo de él o si yo muero mi marido no podría tener un hijo mio. Dicho asi uno piensa ¡que horror! ¡tener un hijo de un esposo muerto! ¡pobre chico! Lo cierto es que esas son las cosas que uno pregunta en éstos casos. Cada uno lo ve como quiere o como puede. Pero nadie sabe cómo reaccionaría si tu compañero de vida se va y vos tenés la posibilidad de dejar una muestra del amor que se tenía en la tierra en forma de un hijo. No se, no se.
- El tratamiento arranca el primer día del ciclo (en mi caso fataba 1 semana) con una serie de inyecciones que estimulan los ovarios. Keyword: inyecciones. A partir del tercer día y cada no se cuántos días debo sacarme sangre para ver en qué estado están mis hormonas y además debo ser monitoriada con ecografías. Keywords: sacarme sangre.
- Tanto la extracción de los ovarios listos como la colocación, en el momento elegido del embrión congelado se relizan en quirófano. Keyword: quirófano. Ambos procedimientos incluyen agujas y anestecia total. Keywords: agujas y anestecia.
- El costo del tratamiento es $ 5000 aprox de medicación para estimular los ovarios + $ 16.000 aprox de extracción y fecundación y guardado + $ 4000 aprox de honorarios. Todo aprox porque no lo recuerdo bien. A esto se le suman más adelante la colocación y los honorarios del doctor en la colocación más la medicación necesaria en ese momento. Esta última medicación puede ser cubierta por la obra social de la forma en que te cubre siempre ya que no es específica de fertilidad. Fertilidad no lo cubre ninguna obra social. Más adelante si quieren tratamos el temita porque me indigna pensar todos los problemas psicológicos, emocionales y por lo tanto físicos que trae el hecho de no poder ser padres cuando el deseo existe.
- EL dato más significativo, y que por eso guardé para el final, es que para estimular mis ovarios había que llenarme de estrógenos. Los estrógenos fueron la causa de mi cáncer de mama y lo que el tamoxifeno intenta bajar. Suspender el tamoxi por dos meses no era tan grave como llenarme de estrógenos.
A esta altura, mareada por la información que fue super bien explicada, con una contención increible y sin ningún tipo de lástima sino de acompañamiento, nos fuimos con nuestros presupuestos a casa.
Mi pregunta tardó un rato pero llegó. “¿Vos que decís?”. “Que no” fue la respuesta de mi esposo, pero pensá vos qué querés y vemos”.La odisea no terminó ahí.
Casillero 4: Más tarde hablé con una inmunóloga muy reconocida a la que accedí telefónicamente por intermedio de una amiga. Le expliqué la situación y mi temor principal “¿qué pasa con mi aparato reproductor después de 5 años de tamoxifeno?”. La verdad es que no se sabe. Mi caso es extraño y no hay estadísticas de 5 años de tamoxi en mujeres en edad fértil. El tamoxi es una droga que se usa en casos de cáncer de mama y el cáncer de mama se da más frecuentemente en mujeres de 40 para arriba. Lo que más rescate de la conversación fue que sin siquiera conocerme, me dijo que no me preocupara, que terminara de curarme y en 5 años veíamos cómo seguir con lo que había. “Hay muchas formas de ser madre”. Comparto eso, no soy de las que creen que madre es la que da a luz solamente, pero hoy por hoy hay tantas formas más allá de la adopción que alguna tiene que resultar.
Casillero 5: Mi último paso fue hablar con mi ginecólogo. Creo que ya lo dije pero para mi es una figura muy importante, de todos mis médicos, y juro que son muchos, él es el que considero “de cabecera”. Todos los estudios de cualquier médico también se los llevo a él. Es claro, relajado y no pierde tiempo. “Doc ¿qué hago?”. “Empezá el tratamiento, el tamoxi actúa en las hormonas de la mama no de los ovarios”. Clarísimo.
A esta altura eran las 7 de la tarde de un Martes eterno. El oncólogo no me había llamado y era su respuesta la última que necesitaba. Mientras tanto estaba tranquila. Tenía toda la información necesaria para tomar una decisión. A esta altura una amiga mia muy relacionada con el tema fertilidad me había ofrecido no sólo todos sus contactos sino ir a buscar un chiquito al Chaco que con adopciones privadas te lo entregan más rápido…si si les juro, esto pasa. Te adoro amiga por esas salidas.
Al día siguiente y al otro y hasta hoy nunca me llamó mi oncólogo. Sola tenía que pensar la respuesta. Si bien tener hijos es una decisión compartida, yo estaba por exponer a mi cuerpo a un tratamiento quizás irreversible durante 5 años.
Pensé, pensé mucho, sin consultar y en silencio. Tenía que encontrar la respuesta en el fondo más lejano de mi ser. Era sin duda la decisión más difícil que me había tocado tomar hasta ahora y eso que ni siquiera estaba contando con el problema dinero, que de hecho no lo tenía pero que sabía que en dos minutos mis amigas harían una vaquita y me lo prestarían.
La primera certeza que tuve fue que no quería exponerme a maltratar tanto mi cuerpo con un tratamiento de fertilidad.
La segunda certeza que tuve fue que definitivamente iba a querer tener hijos algún día.
En ese momento le dije a mi marido que yo ya lo había pensado pero que quería una respuesta de su parte. Fue contundente. “Después de todo lo que pasamos, no quiero que interrumpas el tratamiento oncólogico por 2 meses”
La decisión estaba tomada.
Con mi característico optimismo di vuelta la situción. Entendí que la vida me había regalado algo maravilloso. La obligada decisión más importante que una persona debe tomar en su vida antes de los 38 años, a mi, me la había perdonado. La vida me había regalado 5 años sin el karma del reloj biológico. Alguién agarró la ruleta y jugó por mi. Los próximos 5 años por decisión de quién sabe quién serán de disfrute adolescente, viajes, compras caprichosas. Nada de preocuparme por nada. De repente, en lugar de verme con 38 años sin hijos, me vi con 20, como si todavía faltara una eternidad para las responsabilidades de la vida adulta.
Gracias vida mia, me diste un regalo maravilloso.
Estudios cursados 6 diciembre 2009
Durante los 3 días posteriores a la consulta oncológica, sin quejarme pero bastante angustiada e hinchada las pelotas, fui a realizarme los estudios pertinentes. Por supuesto eran a las 7:30 de la mañana y por supuesto eran del tipo horrible. Por suerte no encaré ésto sola. Mi adorado marido se pidió la semana en el trabajo para acompañarme debido a lo mal que yo me había puesto después de mi visita al oncólogo.
Primera prueba: centellograma óseo. Este estudio incluye contraste y dura 3 horas debido a que entre la inyección del líquido de contraste y el estudio en si hay que esperar dos horas y media. Ya la palabra contraste me abrumó y ahí apareció la diyuntiva. Qué era mejor? Tomar un líquido asqueroso o sufrir un muevo pinchazo?
La respuesta a ésta pregunta no la tenía que dar yo. Era con un pinchazo y se terminó, pero en el tren de darte ánimo antes del mismo uno trata de pensar que lo que te está pasando es lo mejor que te podía pasar, que peor hubiera sido tomar un líquido vomitivo, es más, llegás a decirte a vos misma “que suerte que tuve”.
Me llaman, un chico joven, de aspecto piola. Abro un paréntesis para una reflección. Por qué será que cuando de médicos se trata me gusta que el que me informa, me diagnostica, me explica sea un tipo grande, con aspecto de adulto, serio, pero cuando me tienen que tratar en forma directa, es decir pincharme, irradiarme, scannearme, etc, prefiero a alguien con quien pueda identificarme más. No lo sé. Cierro paréntesis
Voy y con cara de pobrecita (que no tuve que poner sino que tenía realmente) le pedí que me explicara todo y me mostrara todo. Le pregunté si el líquido era muy denso, si ardía una vez en el cuerpo, si la aguja era muy gruesa y si me iba a doler. Me explicó con muy buena onda que la aguja era más finita que la que se usa para sacar sangre y que el líquido no era denso ni ardería. Que de ninguna manera me iba a doler. Cuando estaba todo listo y ya había firmado una especie de declaración jurada de mi historia clínica, vino otro doctor que haciendo típicos chistes me tranquilizó bastante y descomprimió la situación. La verdad es que no dolió nada, fue todo muy rápido y super cuidado. Parece una boludez o a veces te hacen sentir una boluda cuando uno comenta en sus allegados, familia, amigos, etc ciertos temores. Claustrofobia, impresión a la hora de sacarte sangre, ganas de vomitar cuando otro vomita, no se, mil ejemplos. Uno siente vergüenza de decir esas cosas ante los profesionales y la verdad es que no está bueno para ellos trabajar haciéndote sufrir a vos. No está mal pedir que las resonancias sean en aparatos abiertos porque sufris de claustrofobia, no etsá mal pedir que te traten como a un bebé a la hora de sacarte sangre y no está mal preguntar si un procedimiento va a doler.
Líquido adentro, me fui a desayunar y a esperar las dos horas y media. Me pidieron que tome mucha agua y que haga mucho pis.
Vuelvo al aparato en cuestion. Me piden que me saque el corpiño, el cinto y que me desabroche el pantalón pero siempre vestida. El estudio es largo y ruidoso. Te acuestan en una camilla y un scanner te pasa por todo el cuerpo, por arriba y por abajo, para un lado y para el otro. Pasa muy muy cerca, preferí estar todo el tiempo con los ojos cerrados para no ver la cercanía. El técnico era el mismo que me había inyectado el líquido asi que ya nos conocíamos y eso estaba bueno. Me tranquilizaba y siempre estaba a la vista porque en todos los estudios de medicina nuclear, por obvias razones, te dejan sola en la habitación y pocas veces tenés la ventana que te separa con el técnico a la vista.
Fue tan largo y me relajé tanto que al final me dormí. Me desperté cuando el tipo me toco la pierna para despertarme. Le agradecí mucho por el trato y me fui.
Al día siguiente me tocaba el más fácil de todos, una tomografía de torax. Es un procedimiento al que lamentablemente ya estaba acostumbrada. Ese acostumbramiento me llevó instintivamente a sacarme la remera, la doctora me dijo que si quería podía dejarmela puesta y sólo sacarme el corpiño. Le dije que si era por mi no importaba, mi teta había sido la más vista del país. Sin entender el chiste me dijo que hiciera lo que quisiera. Finalmente me dejé la remera puesta, más por deuda con mi teta que por pudor.
Procedimiento normal, largo, ruidoso y nuclear. A esta altura creo que tengo más radiación en el cuerpo que Homero Simpson, de hecho si alguna vez tengo hijos seré feliz si sólo tiene tres brazos…
Ahora, con los resultados, debía presentarme en la recepción del médico para ver a qué hora me iba a atender.
Le esxpliqué a su secretaria que él había pedido verme sin turno de forma urgente y con los resultados. Me comunicó después de pocos minutos que en efecto el doctor me vería de un momento a otro.
Me llaman. Pasamos.
Otra vez el “cómo estás gorda”…”Bien”…”Bueno, veamos los estudios”…Mira los estudios…Sigue mirando… “Bueno, estás bien eh”…”Vas directo a tamoxifeno”…”Lo tenés que tomar todas las mañanas durante 5 años”…”Lo puedo mezclar con otra medicación”…”Yo tomo T4 y pastillas anticonceptivas” “¡No! no podés tomar pastillas anticonceptivas, cambia de método, no podés quedar embarazada durante el tratamiento!!”…”Bueno mujer, veamosnos de nuevo en 2 meses. Y por favor, bajá de peso”…
Si, esa fue la entrevista. Ese fue el tiempo que este condenado se tomó para decirme que estaba sana, que no me iba a morir. La consulta anterior se tomó 40 minutos para decirme que habíamos hecho mal las cosas, que tendría que haberme hecho quimio, que no sabía si me podía salvar. Pero sólo se tomo 4 minutos para decirme que estaba bien, medicarme por 5 años, decirme que no tome pastillas, exigirme que no me embarace y encima decirme gorda. Les juro que el tiempo que tarden en releer el parrafo anterior es el que duró la consulta.
Al día de hoy me pregunto si en algún momento me iba a decir lo de las pastillas si yo no se lo preguntaba. Al día de hoy creo que no.
Esta entrega la voy a terminar con la sensación de que al menos estoy bien. Respiro después de 4 días de angustia.
Esto pasa! 21 noviembre 2009
Mato a alguien, les juro! Yo no puedo creer el tupé de algunas personas. Voy a contarles desde el principio.
Tenía que pedir el turno para el oncólogo. En su momento llamé y sin preguntarme el diagnóstico que tenía me dieron hora para un mes después. Haciendo gala de mi conchudez le digo a la chiquita que me atendió “Un mes tengo que esperar? Menos mal que no me estoy muriendo!”, a lo que la chiquita contestó “Bueno, ahra le iba a preguntar el diagnóstico”, “Pero qué depende el diagnóstico me das o no turno antes”, “No no, igual tiene que esperar un mes”.
Ok, de ese tema no voy a agregar nada porque a ésta altura ustedes ya conocen qué tipo de reflección haría.
Faltando una semana para la fecha en cuestión se comunican conmigo para decirme que el doctor no iba a estar esa semana en el pais y que debían atrasarme una semana más.
Tampoco agregaré sobre ésto….
Bien, llegó el día. Voy con mi marido. Me presento a las 11 am. Me piden que espere. Nos sentamos y esperamos media hora, una hora, una hora y media…Cuando ya hacia una hora cuarenta y cinco minutos la secretaria me llama y me dice “El doctor tuvo que atender una urgencia, se va a demorar un ratito” Si si, “ratito”. Mi respuesta fue inmediata y lapidaria “Cuánto sería un ratito si ya esperé una hora y cuarenta y cinco minutos”. Por supuesto su respuesta fue “no se”.
Fuera de toda joda, es injusto que a uno lo traten como el culo por el solo hecho de que pueden. Es una falta de respeto, si uno saca un turno con un médico es porque necesita ordenar una agenda, preveer, organizar…
A los diez minutos de aguantar mi cara de orto me dicen que pase al consultorio que el doctor ya venía. Con mi marido pasamos y nos sentamos. Increiblemente nos dejaron encerrados en un consultorio de 2 por 2 y sin ventanas durante 15 minutos más. ¿Por qué? No lo se, seguramente tuvieron miedo de que les arme un escándalo. Nos dio rabia, ira. El nivel de violencia que me generó fue tan grande que en un momento entró un mina que no se qué era y le pregunté si el doctor tardaría mucho más. Me dijo que no sabía y ahi me saqué. “¿Por qué me hicieron pasar al consultorio?”, “¿Por qué no se respetan los turnos?”, “¿Cómo tengo cáncer no tengo vida?”. Pero en serio, yo hago cosas durante el día y una de esas es ir al médico, no cancelo todas mis actividades por eso, pero de ésta forma no se puede organizar nada. Ojo, lo de la urgencia lo entiendo, pero a la hora de la urgencia yo ya había esperado casi dos horas…
Nada, después de un rato, vino el médico, a quien había decidido no decirle nada y ver que onda.
LLegó y su primera frase fue “Cómo estás mujer?” ¿Mujer? Raro, suponete que es moderno… Bueno, la dejé pasar. Segunda frase “¿Qué te anda pasando gorda?” ¿Gorda?…
…98, 99, 100…Le cuento todo y le muestro los últimos estudios que gracias a Dios habían dado perfectos y el informe de la raadioterapia más una carta de mi ginecólogo.
El tipo mira todo, lee todo y me manda “¿Por qué tardaste tanto en hacerte los rayos?” cri cri. Les juro que me subió una calentura con la misma efervecencia de una lata de 7up caliente. “Son los tiempos de la medicina moderna” le dije “Es lo que tardó el lugar en darme turno”…”De hecho acá me pasó lo mismo, me dieron turno un mes despés de mi llamado”…
No no, lo escribo y todavía no lo creo…
El siguiente paso que dió fue decir “Yo no quiero ir en contra de tu médico, pero ésto está mal llevado. Yo te hubiera mandado directo a quimio. Ahora no se si te voy a poder salvar”….
“Salvar” no es una palabra que se le pueda decir a un paciente de cáncer. Pero si, si, me dijo eso. A esta altura con más paciencia que cáncer traté de escuchar con atención todo lo que me decia para poder hacer una buena limpieza de las palabras que no tenían que ver con diagnóstico sino con adornos molestos.
La explicación con la que me quedé fue que de 100 mujeres con cáncer de mama, 85 no repiten después de pasar por el quirófano. De las 25 mujeres restantes, la oncología permite que otras 15 no repitan. Las 10 restantes quedan en manos de Dios. Ante la pregunta lógica de Tom “¿Ella en qué grupo está?” el médico dijo “No lo se”.
Después de una revisación completa me pidió que con urgencia (en los próximos 4 días) me haga un centellograma y una tomografía y vuelva a verlo.
La verdad es que estoy cansada. Cuando digo cansada lo digo en serio, no tengo más energía en el cuerpo, no puedo pasar por esto una y otra vez. Cuánto más falta. Entiendo los pacientes que se dejan morir, te juro que los entiendo.
Cuando subí al auto, por primera vez desde que me dijeron que me tenía que operar, me quebré. Soporté con una entereza sorprendente que mi médico me dijera “tenés cáncer” y no lloré, no me quebré y no porque me haga la canchera sino porque por algún motivo no lo viví dramáticamente. Pero ahora, en el auto, lloré de manera inconsolable. Loré por odio por el maltrato que fui recibiendo durante todo ésto. Lloré por impotencia por no poder explicar todo lo que yo había luchado para hacerme los rayos sin esperar 2 meses. Lloré porque tenía que seguir haciendome estudios horribles, radiactivos e invasivos. Lloré porque mi teta no puede llorar pero me dice que no quiere más. Y se me llenan los ojos de lágrimas ahora mientras lo escribo.
No quiero más, juro que no quiero más.
Hay vida después de los rayos? 2 noviembre 2009
Increible pero real. Los rayos me obligaban a salir todos los días. Me daban una rutina. Qué hacer cuando no tenés nada que hacer es un problema.
Este año me vi obligada a no trabajar para dedicarme a mi, estar tranquila y con tiempo disponible para cuidarme. Pero ahora que terminé con los rayos y que el tiempo pasó. Me doy cuenta que no tengo nada que hacer, en fin, veremos cómo solucionarlo más adelante.
Por lo pronto como toda egresada me fui de viaje unos 4 días a Mar de las Pampas. La pasamos bárbaro, descansamos y aflojamos las tensiones que veníamos acumulando. Fue como el cierre perfecto para todo lo que pasamos. Lo escribo en plural porque mi marido sufrió tanto como yo todo ésto. No hace falta poner el cuerpo para hacer carne los problemas de los seres queridos. Fue el compañero ideal para mi, no hubiera querido pasar por ésto con otra persona. Por supuesto está mi familia y mis amigos, que acompañaron siempre, pero la diaria se la comió sólo Tom.
Asi que terminamos los rayos, festejamos, viajamos y ahora…y ahora?
En principio tengo que ir al oncólogo.
En segundo lugar me voy a tomar unos días más para no hacer nada. Parece una boludez pero aun estando bien, sabiendo que estaba curada, tenés en la cabeza todo el tiempo el recuerdo del cáncer, la angustia que pasaste, etc, etc. Es agotador, asi que por un tiempo quedás con un cansancio físico y mental tan grande que no te podés mover.
Y por último, cuando tenga ganas y sólo cuando tenga ganas voy a decidir qué hago. Tengo varias cosas pendientes como bajar los kilos de más, empezar con alguna actividad física y disfrutar un poco lo que queda del año. Me niego a sentir que lo único que hice este año fue curarme un cáncer.
Egresada 2009 14 octubre 2009
Disculpen la demora de este post, pero estaba festejando mi alta de los rayos. La verdad es que estoy feliz. Pero el post rayos se los cuento en otro momento. Primero les relato mi último día en el club social y deportivo “rayito de sol”.
Llegué con una puntualidad extrema. Me senté y terminé el tercer libro desde que empecé este tratamiento. Esperé bastante. Un equipo había fallado y los pacientes de ese equipo pasaron al mio. Esperé bastante significa una hora. De repente pasa una señora que tenía horario después que yo, no me extraño porque cuando vienen con atraso priorizan la posición de la camilla que, si bien varía con cada paciente, va de pies o de cabeza si o si. Seguí esperando. Media hora más. Pasa otro paciente con horario posterior al mio. En ese momento y con el miedo lógico de no poder terminar mi tratamiento fui hasta el lugar en donde estan los médicos y consulté. La cara de todos fue de sorpresa. “Pero vos no estás en sistema”, “Pero cómo? si a mi me falta una sesión”, “¿Dónde está tu carpeta?”, “Si si, te falta una, ponete la bata y ya pasás”. Ok, me quedé tranquila, al menos se que termino hoy. Pasé y como siempre saludé a todos, como siempre me ubiqué en la camilla, como siempre me preguntaron cómo andaba, como siempre quedé sola y desnuda en la camilla esperando mi última dosis de radiación. Durante todo el tiempo fui repasando cada paso y diciéndome “es lo último”. Disfruté cada momento, cada sonido, cada silencio.
Una vez terminada la última aplicación, entraron y me dijeron que ya me podía levantar y fue recién en ese momento cuando todas las tensiones se aflojaron y una de las doctoras me dijo emocionada y con los brazos abiertos para abrazarme “terminaste”.
Fue un momento único. Lo escribo y se me pone la piel de gallina. Me saltaron las lágrimas al instante y me dejé abrazar por las tres doctoras que estuvieron siempre conmigo y que ahora estaban completamente emocionadas. Las mismas tres mujeres que durante 40 sesiones me trataron de igual a igual, sin lástima pero con contención, con amor y con cuidado. Festejamos y me dijeron que no me quierían ver nunca más y nos prometimos que si la vida nos volvía a encontrar sería festejando y con unos tragos en la mano.
Me fui feliz y radiante a lo de mi mamá que me esperaba para almorzar. También ella me recibió con un abrazo y me felicitó. Evidentemente yo nunca me di cuenta de lo importante que era este nuevo paso superado. No solo para mi sino para los que me rodean. Todos han sufrido conmigo aunque no pusieron el cuerpo. Nunca nadie habló ni dijo nada, pero para todos fue un proceso largo y angustiante. Hoy todos festejan que por fin terminó. Más tarde llegó mi papá y también me felicitó. Me invitaron a cenar para festejar y eso hicimos. Sin hablar del hecho, sino de las cosas que hablamos siempre, porque al fin y al cabo con cáncer o sin el, la vida continúa …hasta que un día… se termina.
Una más y no jodemos más 1 octubre 2009
Hoy empieza el mes de la lucha contra el cáncer de mama. Yo llevo mucho más de un mes luchando y no quiero más. Por suerte llegamos al final.Si, ya está, queda solo una sesión más. Estoy agotada física y mentalmente. No doy más. No quiero más. Y ni hablar de mi teta y mi axila que a esta altura tienen el mismo color que el culo de un mandril.
No tengo más energía, solo la suficiente como para ir una vez más y terminar con ésto.
Tengo pensado ir sola para no darle una importancia desmedida. Lo tomo como un trámite más. Para ser honesta confieso que llevé la cuenta regresiva en mi agenda y fui tachando los días con la esperanza de llegar al último, pero también confieso que fue por agotamiento.Tiene que ver con el hecho de que nunca me sentí mal, ni enferma, por lo que no tenía ganas de ir a ningún lado a curarme. No sentía que tenía algo para curar. Lo peor era que tenía que ir igual y encontrarme con ese lugar deprimente, con gente que estaba muy mal y ver una realidad que, aunque hoy no es la mia, podría ser la que alguna vez me toque vivir. Y les juro que no es algo que alguién quiera vivir.
En fin, un paso más terminado. Lo próximo el oncólogo. Otra nueva aventura.
Mañana les cuento cómo fue el gran final.
¿Algo más? 19 septiembre 2009
Cada vez falta menos y a esta altura llevo la cuenta como un preso a la espera de la libertad. Las últimas 9 sesiones son directas en el foco quirúrjico y no en toda la mama, por lo que debo volver al simulador para redireccionar los rayos. Ok. Allá vamos.
Cuando llego, me saco la ropa y me dispongo a recostarme sobre la camilla. Fue ahi cuando escucho la voz “tranquilizadora” del médico que me dice “son sólo 3 tatuajes”. ¿Perdón?, “si pero ya te hiciste y sabés que no duelen”. Ok, me harté.
¿Quién tiene autoridad para decir lo que a otro le va a doler determinado procedimiento?, ¿por qué me tratan como a una tarada por el solo hecho de tener fobia a las agujas?, ¿por qué tengo que escuchar “lo peor ya pasó”?,pero realmente, lo que más me molesta es que me contesten burlándose de mi miedo “no te preocupes, no hago los tatuajes con agujas”. Señores ¿son idiotas? Creo que no merezco ser tratada como idiota. Me duele el cuerpo y el alma. Tengo la piel quemada como el culo de un mandril y estoy hirviendo por dentro. El que no ha tenido estas sensaciones no tiene derecho a burlarse de mi.
Por supuesto me hice los tatuajes y por supuesto me dolieron y ardieron. Por supuesto me fui llorando y por supuesto llegué a mi casa y taché un día más de rayos. ¡Qué vida de mierda!