Como es común en mi, seguí a la perfección las directrices del oncólogo.
Lo primero que hice fue ir a la obra social a pedir mi nuevo amigo: el tamoxifeno. En una semana estaría para retirar. No me darían más de 3 cajas por vez, lo que indica que si o si debo ir cada tres meses, previa visita al oncólogo para que me de las recetas. Horrible pero problema para más adelante.
Una vez realizado este paso llamé a la secretaria del ginecólogo para ver el tema DIU. Un elemento con el que nunca había tenido apego pero que por ahora era mi única opción. Ok, tenía en stock y me guardó un turno para hablar con el doctor al día siguiente. También me pasó los precios y eran altos.
A partir de ahí me puse a pensar, a repasar todo lo que debía hacer. “Yo no me quiero poner un DIU” “Me lo tengo que poner porque estoy en tratamiento oncológico y no puedo quedar embarazada”. Click. Que me lo pague la obra social. Ojo, no por pijotera sino porque asi debe ser. Mi obra social se lleva mucha plata del sueldo de mi marido como para no usarla. Después de 2 llamados verifiqué que no estaba equivocada, ni siquiera hubo discusión. Era así, la obra social me cubría la colocación y el DIU.
Ahora bien, para colocarlo hay que estar en los últimos días del período. Faltaban 2 semanas. Me quedaba una semana de pastillas anticonceptivas y como hasta el fin de esa semana no me daban el tamoxi, todo cuadraba perfecto.
Contenta con mi rápido desenvolvimiento me fui a una reunión de amigos. Varias edades distintas, varios estados amorosos distintos. Un tema lleva al otro y sale el tema de preservar óvulos, que “es una opción”, que “está bueno”, “si llego sola a los 40 los uso”, etc, etc. Y por su puesto no sonó ajeno en mi.
Ahí me di cuenta de cómo había tapado el hecho de que no iba a poder quedar embarazada hasta mis 38 años. La verdad es que hasta ahora nunca fue mi idea ni la de mi marido tener hijos. De hecho tampoco lo sería los próximos 2 o 3 años, tiempo en que se instalaría la pregunta más difícil de responder, aquella cuya respuesta no tiene vuelta atrás ni arrepentimientos … ¿Queremos tener un hijo?
Decidí no pensar más y seguir disfrutando de mi reunión de amigos.
Al día siguiente hablé con mi marido. Me dijo que averiguara, que no había problema, que me sacara las dudas. También lo hablé con mi psicóloga y me di cuenta que si no tengo hijos será porque yo he decidido no tenerlos. No quiero que un cáncer de mama me deje sin hijos. Este cáncer que me tuvo en vilo durante un año terminaría ese mismo año. No voy a arrastrarlo, no quiero en 5 años seguir hablando de esto.
Bien. Hoja en blanco. Título: criopreservación de óvulos. Por suerte yo ya conociía un lugar que se dedica a esto. Es un centro especializado en fertilidad en donde me atendia mi anterior ginecóloga. Llamé para pedir un turno con un especialista y me dieron para dentro de un mes. Le comenté a la chica que me atendió que no podía esperar un mes, que en dos semanas debía empezar un tratamiento oncológico que quizas sería irreversible. “No puedo hacer nada” fue su respuesta. La mia podría haber sido “Ojalá nunca puedas quedar embarazada” pero era muy grosera y preferí guardarla en mi cabeza.
Se lo conté frustrada a mi paciente marido y me sugirió que vaya directamente al lugar y me plante ahí hasta que un especialista me atienda. Ya era viernes. Había pasado una semana.
La semana siguiente arranco con un feríado.
Casillero 1: El martes a primera hora y con un libro de 650 páginas en clara muestra de que estaba dispuesta a una larga espera fui a ver a mi oncólogo. Quería preguntarle cosas, saber qué me recomendaba, saber si sacarme óvulos era una posibilidad. La útima vez que nos vimos, hace una semana ya, él me tiró con un balde de agua helada y recién ahora me había escurrido. Su secretaria me dijo que era imposible que él me viera en toda la semana, que no había posibilidad de darme un sobreturno, pero que si yo quería ella le haría una pregunta y volvería con la respuesta. Le “agradecí” pero le dije que era un tema absolutamente personal y que seguro generaría varias repreguntas. Le volví a pedir, le dije que podía esperar todo el día si era necesario. No había forma, llegué a advertirle que no empezaría el tratamiento que él me dio hasta no hablar con él. Tampoco, sólo se ofreció a tomarme el celular y decirme que el doctor me llamaría ese mismo día o al día siguiente.
Con toda mi frustración y dolor me fui a mi siguiente casillero sin dejar de pensar ¿cómo puede ser que un doctor no pueda tomarse cinco minutos para hablar con un paciente de cáncer?, no es mi caso pero hay gente que saca turno con dos meses de anticipación sabiendo que quizás no pueda tomarlos nunca. ¡Para un paciente de cáncer las cosas deber ser ya!
Casillero 2: retirar tamoxifeno de la obra social. Fui y ahí estaba, rosagante y contento de tener una nueva amiga.
Casillero 3: directo al centro de fertilidad. Llegué y expliqué mi situación una y otra vez. Al final me dijeron que había un especialista al que acababan de suspenderle un turno y que además atendía por mi obra social. Era en 2 hs. Ya eran las 12 del mediodía. Me fui al Mc Donals de la vuelta y llamé a mi marido. Él ya venía para acá.
Media hora antes del turno nos presentamos. Nos sentamos en la sala de espera y para nuestro asombro ya nos estaban pidiendo que pasáramos.
Muy agradablemente el médico nos explicó todo. Entendía mi necesidad y estaba dispuesto a satisfacerla pero lo primero que me dijo fue que debía tener autorización formal del oncólogo. Sintéticamente y para que sepan cómo es les detallo algunos puntos de lo conversado.
- cuando se habla se criopreservar óvulos, se habla de una técnica muy nueva, tiene algo más de 5 años y no se sabe a ciencia cierta que pasa después de 6 o 7 años con esos óvulos. De hecho hubo sólo 200 embarazos en todo el mundo a partir de ésta técnica. De todas formas si sos una mujer sola, se hace, pero te avisan que no pueden garantizarte que salga de manera éxitosa. Esta técnica la realizan en mujeres hasta 35 años.
- En mi caso, que tengo una pareja estable de más de 13 años, lo que se recomienda es criopreservar embriones. Se congelan varios y por separado en grupos de 3 o 4. Los embriones son de los dos. Quedan guardados en el lugar, que cuenta con equipos propios. Los únicos que podemos decidir que hacer con esos embriones somos mi marido y yo, pero ante una separación o el fallecimiento de una de las partes no se pueden utilizar. Es decir, si mi marido muere yo no puedo implantarme esos embriones para tener un hijo de él o si yo muero mi marido no podría tener un hijo mio. Dicho asi uno piensa ¡que horror! ¡tener un hijo de un esposo muerto! ¡pobre chico! Lo cierto es que esas son las cosas que uno pregunta en éstos casos. Cada uno lo ve como quiere o como puede. Pero nadie sabe cómo reaccionaría si tu compañero de vida se va y vos tenés la posibilidad de dejar una muestra del amor que se tenía en la tierra en forma de un hijo. No se, no se.
- El tratamiento arranca el primer día del ciclo (en mi caso fataba 1 semana) con una serie de inyecciones que estimulan los ovarios. Keyword: inyecciones. A partir del tercer día y cada no se cuántos días debo sacarme sangre para ver en qué estado están mis hormonas y además debo ser monitoriada con ecografías. Keywords: sacarme sangre.
- Tanto la extracción de los ovarios listos como la colocación, en el momento elegido del embrión congelado se relizan en quirófano. Keyword: quirófano. Ambos procedimientos incluyen agujas y anestecia total. Keywords: agujas y anestecia.
- El costo del tratamiento es $ 5000 aprox de medicación para estimular los ovarios + $ 16.000 aprox de extracción y fecundación y guardado + $ 4000 aprox de honorarios. Todo aprox porque no lo recuerdo bien. A esto se le suman más adelante la colocación y los honorarios del doctor en la colocación más la medicación necesaria en ese momento. Esta última medicación puede ser cubierta por la obra social de la forma en que te cubre siempre ya que no es específica de fertilidad. Fertilidad no lo cubre ninguna obra social. Más adelante si quieren tratamos el temita porque me indigna pensar todos los problemas psicológicos, emocionales y por lo tanto físicos que trae el hecho de no poder ser padres cuando el deseo existe.
- EL dato más significativo, y que por eso guardé para el final, es que para estimular mis ovarios había que llenarme de estrógenos. Los estrógenos fueron la causa de mi cáncer de mama y lo que el tamoxifeno intenta bajar. Suspender el tamoxi por dos meses no era tan grave como llenarme de estrógenos.
A esta altura, mareada por la información que fue super bien explicada, con una contención increible y sin ningún tipo de lástima sino de acompañamiento, nos fuimos con nuestros presupuestos a casa.
Mi pregunta tardó un rato pero llegó. “¿Vos que decís?”. “Que no” fue la respuesta de mi esposo, pero pensá vos qué querés y vemos”.La odisea no terminó ahí.
Casillero 4: Más tarde hablé con una inmunóloga muy reconocida a la que accedí telefónicamente por intermedio de una amiga. Le expliqué la situación y mi temor principal “¿qué pasa con mi aparato reproductor después de 5 años de tamoxifeno?”. La verdad es que no se sabe. Mi caso es extraño y no hay estadísticas de 5 años de tamoxi en mujeres en edad fértil. El tamoxi es una droga que se usa en casos de cáncer de mama y el cáncer de mama se da más frecuentemente en mujeres de 40 para arriba. Lo que más rescate de la conversación fue que sin siquiera conocerme, me dijo que no me preocupara, que terminara de curarme y en 5 años veíamos cómo seguir con lo que había. “Hay muchas formas de ser madre”. Comparto eso, no soy de las que creen que madre es la que da a luz solamente, pero hoy por hoy hay tantas formas más allá de la adopción que alguna tiene que resultar.
Casillero 5: Mi último paso fue hablar con mi ginecólogo. Creo que ya lo dije pero para mi es una figura muy importante, de todos mis médicos, y juro que son muchos, él es el que considero “de cabecera”. Todos los estudios de cualquier médico también se los llevo a él. Es claro, relajado y no pierde tiempo. “Doc ¿qué hago?”. “Empezá el tratamiento, el tamoxi actúa en las hormonas de la mama no de los ovarios”. Clarísimo.
A esta altura eran las 7 de la tarde de un Martes eterno. El oncólogo no me había llamado y era su respuesta la última que necesitaba. Mientras tanto estaba tranquila. Tenía toda la información necesaria para tomar una decisión. A esta altura una amiga mia muy relacionada con el tema fertilidad me había ofrecido no sólo todos sus contactos sino ir a buscar un chiquito al Chaco que con adopciones privadas te lo entregan más rápido…si si les juro, esto pasa. Te adoro amiga por esas salidas.
Al día siguiente y al otro y hasta hoy nunca me llamó mi oncólogo. Sola tenía que pensar la respuesta. Si bien tener hijos es una decisión compartida, yo estaba por exponer a mi cuerpo a un tratamiento quizás irreversible durante 5 años.
Pensé, pensé mucho, sin consultar y en silencio. Tenía que encontrar la respuesta en el fondo más lejano de mi ser. Era sin duda la decisión más difícil que me había tocado tomar hasta ahora y eso que ni siquiera estaba contando con el problema dinero, que de hecho no lo tenía pero que sabía que en dos minutos mis amigas harían una vaquita y me lo prestarían.
La primera certeza que tuve fue que no quería exponerme a maltratar tanto mi cuerpo con un tratamiento de fertilidad.
La segunda certeza que tuve fue que definitivamente iba a querer tener hijos algún día.
En ese momento le dije a mi marido que yo ya lo había pensado pero que quería una respuesta de su parte. Fue contundente. “Después de todo lo que pasamos, no quiero que interrumpas el tratamiento oncólogico por 2 meses”
La decisión estaba tomada.
Con mi característico optimismo di vuelta la situción. Entendí que la vida me había regalado algo maravilloso. La obligada decisión más importante que una persona debe tomar en su vida antes de los 38 años, a mi, me la había perdonado. La vida me había regalado 5 años sin el karma del reloj biológico. Alguién agarró la ruleta y jugó por mi. Los próximos 5 años por decisión de quién sabe quién serán de disfrute adolescente, viajes, compras caprichosas. Nada de preocuparme por nada. De repente, en lugar de verme con 38 años sin hijos, me vi con 20, como si todavía faltara una eternidad para las responsabilidades de la vida adulta.
Gracias vida mia, me diste un regalo maravilloso.