Ok, el paso final. Se suponía que ésta vez compararían todos los datos, placas, imégenes, marcas y tatuajes para confirmar el inicio del tratamiento. Lo que nunca entendí fue por qué me hicieron 3 tatuajes más. Si, así, de la nada, como si fuera una tontería, lo que se suponía un trámite terminó siendo perturbador y sin tiempo de asimilación. Horrible. Por supuesto me di cuenta una vez más que mi opinión no le importa a nadie.
De ahi, fui a la simulación. En este caso ya era sobre la máquina que usaré durante el tratamiento. Fue bueno porque vas conociendo el lugar y los movimientos. Te da un poco de tranquilidad saber lo que se viene. Sin embargo, me encontré una vez más desnuda frente a 4 personas que ni bien me apoyé en la camilla me atacaron por los dos lados. De repente recordé la película “Encuentros cercanos…”. Estaba en la camilla con 4 personas tocándome, marcándome, moviéndome para un lado y para el otro como si yo fuera la nada misma. Por mi posición no podía ver más que las cabezas de estos desconocidos que entraban y salían del plano . No aguanté más y medio en serio medio en joda les dije “me atacan de todos lados”. Se rieron mucho pero para ese momento ya habían terminado. Posicionaron la máquina en los dos ángulos necesarios, vieron que todo estaba bien y listo. Fin de la simulación.
A partir de ahora no me puedo depilar ni poner desodorante en la axila izquierda durante todo el tratamiento y no me puedo poner crema sobre la mamá antes de ir a la sesión.
Cuando ya me estaba poniendo la bata escucho “empezás los rayos el Lunes” y fue ahi que me di cuenta que todo lo pasado, los desplantes, las peleas por ser atendida, la lucha por tratar que la gente entienda la gravedad de la situación no cuenta, que ésto recién comienza.
Lo positivo es que al fin comienza.